Tras la muerte del viejo rey, consultaron al oráculo quién habría de ser el siguiente rey. El oráculo dijo: «Ha de ser un tipo grande, muy grande, sin palabras, que oiga bien, con una mano muy larga y que mire a todos desde arriba». Al único que encontraron así fue a un elefante de un circo cercano. Sin dudarlo, lo hicieron rey.
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