sábado, 28 de abril de 2012

EL MISTERIO DE LA NUEVA RAZA DE MONSTRUO DE LOS CALCETINES


La cuestión era la siguiente: cada vez que dos calcetines entraban en la lavadora para lavarse, solo salía uno. Era indiferente que el superviviente de los calcetines fuese el derecho o el izquierdo, pues siempre solo quedaba uno.

Ante tal misterio, la señora Julia mandó llamar a la especialista en fenómenos extraños del ayuntamiento. Acudió enseguida. Se llamaba Bibiana García y era capaz de descifrar cualquier misterio doméstico que tuviera relación con seres extraños. Bibiana García montó una serie de sensores alrededor de la lavadora e hizo pruebas de todo tipo. Se trajo calcetines para hacer experimentos de todos los colores y tamaños y hasta probó con guantes, que también van a pares. 

Los guantes sufrieron el mismo efecto que los calcetines, siempre desaparecía uno. Sin embargo, la criatura en cuestión no aparecía. Estaba allí, sin duda, pero no era localizable ni con la última tecnología en detección de criaturas extrañas. La hipótesis que lanzó Bibiana García fue que se trataba de una mutación de monstruo de los calcetines que resultaba invisible e indetectable a todo aquel montón de aparatos ultrasensibles. La especialista del ayuntamiento compartió sus experiencias con colegas de todo el país y todos estuvieron de acuerdo en que se trataba de una mutación del monstruo de los calcetines común. 

El ayuntamiento le regaló una lavadora nueva a la señora Julia y se llevaron la vieja al laboratorio para seguir haciéndole pruebas. Querían descubrir, fuera como fuera, cómo era aquella nueva especie de monstruo de los calcetines, al que le dieron el nombre científico de monstruus tibialium imperceptibilis, diferente, por tanto, del monstruus tibialium domesticus

Sin embargo, no había manera de localizarlo, de obtener una imagen de él. Seguía viviendo en aquella lavadora, porque, tras cada lavado que se hacía, siempre faltaba un calcetín. Y, de hecho, nunca llegaron a descubrirlo, para desesperación de Bibiana García y del resto del equipo. 

Y un buen día, cuando la señora de la limpieza entró en el laboratorio, se encontró que los científicos aún trabajaban. Entonces se dirigió curiosa a Bibiana García y le preguntó: 

— Oiga, ¿es esta la lavadora que se come un calcetín sí y otro no? 

— Sí, señora, pero no estorbe ahora, que estamos haciendo experimentos. 

— ¿Y no podría ser que fuera la propia lavadora la que se come los calcetines? —preguntó la mujer—. Es que en mi casa, la lavadora se come los calzoncillos de mi marido...

Todos se quedaron de piedra. A ninguno de aquellos científicos se le había ocurrido pensar que no se tratara de un monstruo de los calcetines diferente, sino que, sencillamente, fuera la propia lavadora la que se comía uno de cada dos calcetines, porque también ella tenía hambre y era una glotona de calcetines impares. Y es que quizás cada lavadora tuviera sus propios gustos.

© Frantz Ferentz, 2012


2 comentarios:

  1. Me encantó tu página, son cuentos muy ingeniosos. ¿Son tuyos?

    ResponderEliminar