martes, 3 de junio de 2014

LA GUERRA DE LOS VIRUS



A Sara Augusto, por la inspiración


   Aquel virus informático llegó discretamente al ordenador de Sara. Nadie sabía muy bien cuál era su naturaleza ni de dónde procedía, pero entró en su ordenador sin avisar, porque estos virus nunca avisan. A partir de ahí, comenzó a difundirse entre los contactos de Sara enviándoles cosas extrañas, principalmente publicidad, toneladas de publicidad, de las cosas más extrañas, como vacaciones en el Polo Sur, jerséis de plástico reciclado o libros escritos en turco medieval. Sin embargo, Sara no era consciente de nada, hasta que un amigo le dijo: 
   — Mira, Sara, estoy recibiendo mensajes muy extraños de ti por las redes sociales. Probablemente tienes un virus en tu ordenador.
   La pobre Sara tembló. ¿Qué iba a hacer ella? ¿Cómo se combatía a un virus en las redes sociales? Pero además, aquella mañana estaba ella tan enferma, Tosía, tenía algo de fiebre. Lo único que ella quería era irse a la cama y tomarse un zumo de naranja. Qué desgracia. Pero con la excitación, tosió todavía más. Al final se fue a la cama, ya escribiría a los amigos para pedir disculpas. Y tal vez a la tarde llamaría a un amigo informático para que le resolviera el problema.
   Tres horas más tarde, después de haberse quedado dormida en el sofá, llamó a su amigo Francisco, un buen técnico informático y, aún entre toses, le explicó que tenía un virus en su ordenador que estaba  comportándose muy mal. Francisco, todo amable, fue hasta al apartamento de Sara y comenzó a analizar su ordenador, mientras Sara lo miraba de lejos, tomándose un caldo de pollo, hecha un ovillo en el sofá. Después de un rato trasteando en el ordenador, Francisco dijo:
   — Este es el caso más extraño que he visto en mi vida.
   — ¿Y eso? —preguntó Sara.
   — El archivo del virus está en tu disco duro, sí, pero está... como decir, ¡muerto! Parece como si lo hubiera atacado alguna fuerza superior, pero no tengo ni idea de cuál ni por donde ha entrado. Puedes quedarte tranquila, tu ordenador ya está limpio.
   Y se fue. Sin embargo, Sara se quedó toda pensativa. Ella había tosido encima de su ordenador. ¿Y si, por casualidad, sus virus de la gripe hubieran entrado en el ordenador y destruido el virus informático? No había otra explicación. ¿Sería una locura? Lo peor es que nadie se creería eso, aunque fuera verdad. Solo valía para escribir una historia graciosa, pero nadie apostaría por crear vacunas antivíricas para ordenadores con virus de la gripe humana. Que lástima, habría sido un negocio tan fructífero...

Frantz Ferentz, 2014

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