jueves, 9 de julio de 2015

CÓMO HABLAR INGLÉS COMIÉNDOSE LAS PALABRAS

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A Lu le había dicho su maestra que no podía seguir así con el inglés, que nunca lo hablaría bien si no aprendía a comerse las palabras.

– ¿Comerme las palabras? –preguntó Lu–. ¿Y eso cómo se hace?

– Has oído alguna vez cómo hablan los afroamericanos? Ellos sí que hablan bien. Se comen bien las palabras y su inglés es perfecto –dijo la maestra, que era una tipa la mar de rara–. Mientras no te comas las palabras, no hablarás bien inglés y, por tanto, no aprobarás.

Lu se quedó muy preocupada con aquellas palabras de su maestra. ¿Y cómo iba a hacer ella para comerse las palabras del inglés?

Ahí se topó con la abuela por el pasillo de casa, quien, aunque no tenía estudios, era una mujer muy sabia. Lu le contaba todos sus problemas.

– Con que tienes que comer las palabras –reflexionó en voz alta la abuela después de oír el relato de la nieta–. Escucha, de niña, mi madre, tu bisabuela, tenía un remedio infalible para comer cualquier cosa.

– ¿Y cuál es ese remedio?

– Miel de brezo.

Dicho y hecho. Antes de empezar las clases de inglés, Lu se llevaba un frasquito de miel de brezo que le proporcionaba su abuela. Se metía una cucharada en la boca y después se ponía a hablar inglés.

– Lu –le dijo al final la maestra–, no sé cómo lo haces, pero cada vez hablas inglés mejor, hasta te comes las palabas como un afroamericano. ¿Cómo lo has hecho?

Pero Lu no le contó su secreto. Sin embargo, cuando tuvo que aprender alemán, algún tiempo después, ya no le sirvió la miel de brezo, porque el profesor de entonces le dijo que para hablar bien alemán, tenía que aprender a hablar con hipo. Por eso, enseguida Lu gritó:

– ¿Abuelaaaaaa, cómo se provoca el hipo?

– ¿Cómo se quita?

– No, como se provoca...

Frantz Ferentz, 2015

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