jueves, 10 de septiembre de 2020

EL PRINCIPITO Y EL ASTEROIDE DE CHATARRA

 



Dramatis Personae


Locomotodo, el pelícano (una figura muy grande que puede requerir de dos actores. Debe tener un pico con bolsa enorme).

El chatarrero

El principito

ACTO ÚNICO

Sobre el asteroide. Todo el suelo está lleno de chatarra. Hay restos de aparatos eléctricos por todas partes. De hecho, la chatarra metálica que han ido dejando los humanos durante siglos en la órbita terrestre acabó reuniéndose y formando un asteroide artificial que gira alrededor del planeta.

El chatarrero, con una lente de aumento delante del rostro y un mandil sucio, está sentado detrás de una mesa toda llena de chatarra. Va tomando piezas metálicas de la mesa y las examina por la lente de aumento con mucha atención. Al cabo de un rato, coloca una etiqueta adhesiva en cada pieza y luego la lanza por ahí.

Entra el pelícano por un lateral. 

LOCOMOTODO (al chatarrero): Buenas.

El chatarrero levanta la vista y se interrumpe. 

CHATARRERO: Buenas. No me pises por ahí, que me lo descolocas todo.

LOCOMOTODO: Pero si está todo caótico.

CHATARRERO: Puede ser, pero yo sé dónde tengo todo dentro del caos.

LOCOMOTODO: Ah...

En ese momento entra en escena el Principito. Sonríe. Lleva su fular muy largo que va colgando por detrás.

PRINCIPITO (al chatarrero): Hola. (Luego al pelícano) Hola.

PELICANO: Hola.

CHATARRERO (en tono gruñón al Principito): Eh, . Ojito con dónde pisas, que me descolocas la chatarra.

PRINCIPITO: Perdón. Pero para qué quieres todos estos cachivaches que no sirven para nada?

CHATARRERO: ¿Que para qué los quiero? Acaso no ves que soy chatarrero.

El chatarrero se pone en pie. Parece estar a disgusto, porque resopla y murmura entre dientes, mirando al Principito y al pelícano con desconfianza, con los brazos en jarras.

Mientras, el Principito se agacha y recoge algo del suelo. Se lo muestra al chatarrero.

PRINCIPITO: ¿Y esto qué es?

El chatarrero se lleva las manos a la cabeza.

CHATARRERO: Eso es una cámara bifocal RX-640. Es pura tecnología alemana que equipa a los satélites PTV210 BIS. Puede fotografiar lo que carga una hormiga a 700 km de altura.

PRINCIPITO: Pero ¿hace buenas fotos?

El chatarrero se pone a saltar fuera de sí, con los puños al aire, como si fuera una danza. Estará un rato así hasta que decide regresar a su mesa. De un cajón saca una botella de leche y toma un trago.

Mientras, el Principito se acerca al pelícano. 

PRINCIPITO: Oye, ¿qué tal se te da hacer fotos?

LOCOMOTODO: Nunca he hecho ninguna foto. No tengo dedos, pero tengo una memoria fotográfica.

PRINCIPITO (algo contrariado): Bueno, ¿te importaría si dejo esta especie de cámara aquí encima (señala a un montón de chatarra) y tú vas tocando con tu pico en este botón para que se vayan haciendo fotos?

LOCOMOTODO: Entendido.

El Principito deja la cámara donde dice, apuntando al chatarrero. El pelícano se coloca en posición, queda de espaldas en la escena, mirando al Principito y al chatarrero, que prosigue con su rutina encima de la mesa.

PRINCIPITO (al chatarrero): ¿Y para qué le sirve toda esta chatarra?

CHATARRERO (interrumpiéndose en su labor de clasificación por etiquetas): ¿Servir? No sé. Yo solo recojo, clasifico y almaceno chatarra espacial. ¿Acaso me quieres comprar algo? Te hago una buen precio. Tengo paneles solares, algunos completos. (Entre susurros, pero se oye) También tengo un par de cañones láser con algo de carga y hasta medio misil.

Mientras, el pelícano va haciendo fotos.

PRINCIPITO: No, gracias, no me interesa la chatarra.

CHATARRERO: Es un gran negocio. Muchas de estas piezas pueden ser reutilizadas o sirven para extraer recambios. Además, no me cuesta nada recoger la chatarra. De hecho, este asteroide es ya tan grande que atrae a la chatarra que flota en las cercanías. No tengo ni que molestarme en recogerla, como antes.

En ese momento, el chatarrero se agacha y recoge algo del suelo que muestra al Principito. Se trata de un cazamariposas.

PRINCIPITO: No sé para qué quieres un cazamariposas. Aquí no hay. No pueden vivir entre la chatarra. Ni tampoco una rosa o un zorro.

CHATARRERO: Que no, chico. El cazamariposas lo usaba para capturar trozos de chatarra en órbita. Ahora, como te digo, no me hace falta. La chatarra cae aquí sola. Este asteroide de chatarra no para de crecer.

PRINCIPITO: Pero no tienes una rosa... ni siquiera un baobab.

CHATARRERO: Ni falta que me hace. Ya verás qué genial cuando empiecen a llegar alienígenas a comprarme piezas de recambio... o incluso astronautas de la Tierra.

El Principito se rascaba la cabeza. El chatarrero se pone de pie.

CHATARRERO: Si buscas bien, seguro que encuentras las piezas necesarias para construirte una nave, porque se ve que te gusta viajar por el espacio.

PRINCIPITO: Cierto que me gusta viajar, pero nunca utilizaría una nave de esas, creo que contaminaría mucho.

CHATARRERO: ¿Y cómo esperas salir del asteroide?

El Principito se gira y señala con el dedo al pelícano.

CHATARRERO: Con eso no creo que llegues muy lejos. De todos modos, déjame darte una tarjeta mía (se la saca de un bolsillo interior y se la da al Principito). Toma, por si alguna vez necesitas chatarra mientras viajas por el espacio. O puedes ser representante mío. Te daría una pequeña comisión por lo que vendas, podríamos empezar con un 0,003%.

El Principito se guarda la tarjeta en un bolsillo del pantalón. El chatarrero sigue en pie, observándolo, aunque acaba volviendo a su asiento y continúa clasificando y etiquetando piezas de chatarra.

PRINCIPITO (a Locomotodo): ¿Cómo te llamas?

LOCOMOTODO: Locomotodo.

PRINCIPITO: Qué nombre tan chistoso.

LOCOMOTODO: Me llamaron así porque de pequeño era un glotón. Comía de prácticamente todo. Una vez hasta me comí un arco iris.

PRINCIPITO: ¡Yo también quiero comerme un arco iris!

LOCOMOTODO: Es difícil, hay que tener mucho estómago y pareces chiquito.

PRINCIPITO: Pero me gustaría...

LOCOMOTODO (interrumpiendo): ¿Tienes gominolas?

PRINCIPITO (sorprendido): No... (Al chatarrero): ¿Hay gominolas por aquí?

CHATARRERO (alzando la vista): No, solo hay tuercas. No sé a qué saben. Quizá estén buenas.

LOCOMOTODO: Es que me gusta tomar gominolas antes de emprender cualquier vuelo largo.

PRINCIPITO: ¿Ya regresas a la Tierra?

LOCOMOTODO: Sí, ya me toca.

PRINCIPITO: ¿Conseguiste sacar fotos?

LOCOMOTODO: Compruébalo tú|vos mismo.

El Principito se pone a observar por el visor de la cámara.

PRINCIPITO: ¡Buenazo|Estupendo! Me gustan las fotos. Quisiera mandar unas cuantas a mi rosa, pero será en otra ocasión. Estas las reservo para un amigo en la Tierra. ¿Podrías llevárselas a mi amigo?

LOCOMOTODO: Claro...

En ese momento, el chatarrero se pone de pie y se acerca a los otros dos. Está malhumorado.

CHATARRERO: ¡Alto ahí! ¿Qué se creen que están haciendo? Esa cámara es mía. Si la quieren, me la pagan.

El Principito saca del bolsillo la tarjeta que un rato antes le había dado el chatarrero. Se la muestra.

PRINCIPITO: Si quieres que sea tu representante, me llevo esa cámara como pago de las comisiones.

El principito vuelve a guardarse la tarjeta. El chatarrero se queda un momento pensativo. Gruñe.

CHATARRERO: Está bien, pero hazme buena publicidad.

El chatarrero se da media vuelta y vuelve a lo suyo. El Principito toma la cámara y la pone delante del pico del pelícano. El ave abre el pico y el Principito deja caer la cámara dentro.

LOCOMOTODO: ¿A quién y dónde he de entregar esta cámara?

El Principito se acerca a la cabeza del pelícano y le susurra un nombre.

LOCOMOTODO: Entendido ¿Y cómo saldrás de este asteroide?

PRINCIPITO: Como lo hago de todos los demás asteroides. Gracias por llevar mis fotos. Buen viaje.

LOCOMOTODO: Igualmente.

El Principito atraviesa la escena y sale. El chatarrero continúa con lo suyo sentado en su mesa. El pelícano se da la vuelta y sale por el extremo contrario.

TELÓN


© Texto: Frantz Ferentz, 2020
© Ilustración: Susana San Millán