domingo, 25 de agosto de 2019

FUGA DE IDEAS

Harmónica García acudió al médico. Tenía un grave problema. Las ideas se le escapaban. Ella era compositora, pero desde hacía dos semanas, en cuanto le nacía una idea, esta se le escapaba. 
– Se me escapan las ideas, doctor ––dijo ella y le contó su desgracia. 
El doctor Alquimio López, muy observador, vio cómo según ella hablaba, le salía un hilo de humo ligero por las orejas. El doctor, si pensárselo dos veces, le colocó unos tapones en las orejas. 
– He resuelto su problema –anunció él. 
– ¿Cómo dice? –preguntó Harmónica–.  No oigo nada. 
Y entonces notó que a ella el hilo de humo se le escapaba por la nariz y la boca. 
– Amiga, mejor que se le escapen las ideas que morir ahogada –explicó él, mientras cogía una aspiradora pequeña e intentaba capturar los hilos de humo que se le escapaban a la mujer y que flotaban por la consulta.

© Frantz Ferentz, 2019

sábado, 24 de agosto de 2019

EL ESCRITOR DE HISTORIAS DE TERROR

El escritor, todo concentrado, pensaba en una historia sobre seres fantásticos. Tenía que escribirla. De repente, oyó unos pasos por el pasillo y ruido por los rincones más remotos de la casa. Entonces gritó:
– ¡No quiero distracciones!
Entonces, un duende colgado del techo dijo a su compañero:
– Y nosotros, ¿por qué nos escondemos?
– Porque distraemos al humano...
© Frantz Ferentz, 2019

sábado, 4 de mayo de 2019

EL REY Y EL PEÓN


Resultado de imagen para chess pawn and king
   El rey se plantó ante el peón.
   – ¿Algún deseo antes de morir? –preguntó el rey.
   – Solo quiero ser humano unos segundos.
   El rey sonrió. Pensó que el peón era un estúpido.
   – Concedido.
  De repente, el peón era un niño y el rey era un hombre adulto. Sin dudar, el niño le dio una patada al rey en la canilla. El rey se cayó al suelo y se retorció de dolor. Enseguida, el niño y el rey volvieron a ser figuras de ajedrez.
   Solo entonces, el maestro Pelakov se dio cuenta de que el rey se había caído en el tablero y que el peón, inexplicablemente, había provocado jaque mate.

© Frantz Ferentz, 2019

lunes, 29 de abril de 2019

KATKA Y EL VIRUS DEL CHOCOLATE


Resultado de imagen para chocolate virus

Érase una vez Katka que tuvo un virus. Solo era uno y muy joven. El virus pretendía comportarse muy seriamente, como si él solo fuera todo una epidemia. Por eso, el pequeño virus recorría las venas de Katka, intentando dar la apariencia que centenares de virus que ocupaban su cuerpo. Pero eso era demasiado. El virus era muy jovencito y carecía de experiencia.
   Sin embargo, Katka sí sintió que tenía un virus en el cuerpo y pensó que había caído enferma. No tenía una aspirina a mano, así que se tomó media onza de chocolate. Por alguna extraña razón, ella había pensado que el chocolate le funcionaría como remedio.
   El virus olisqueó el chocolate fundiéndose en el estómago de Katka mientras recuperaba el aliento en la úvula de la chica. Se dejó resbalar hasta el estómago. Nunca había probado el chocolate, pero olía delicioso.
    Desde ese día, el virus molestó a Katka un ratito todos los días, de suerte que ella enseguida tomaba chocolate. Enseguida el virus se calmaba. Qué buena vida iba se iba a dar el virus para siempre jamás. 
   No obstante, unas semanas más tarde, una tribu de bacterias se acercó a la nariz de Katka. Enseguida notaron el olorcillo delicioso que salía de la chica. Ellas no sabían que aquel aroma venía del chocolate, pero lo iban a descubrir enseguida.
   Poco a poco, Katka comenzó a toser violentamente. Se sentía muy mal. Las bacterias pretendían ocupar el cuerpo de Katka, pero el virus no estaba dispuesto a compartir el chocolate con extraños, más aún con criaturas venidas de fuera. Enseguida notó que las bacterias adoraban el chocolate, de modo que fue haciendo trampas para que ellas cayeran una tras otra. Al final, consiguió atrapar a todas las bacterias y se las comió envueltas en chocolate.
   De repente, Katka se sintió mucho mejor. Estaba segura de que el chocolate era una medicina fabulosa, así que no ha dejado de comerlo nunca.

© Frantz Ferentz, 2019

sábado, 24 de noviembre de 2018

OLORES DE DESTRUCCIÓN MASIVA


Emilio estaba muy atento a Carla.
Carla era la campeona de dardos de la ciudad.
Aquel era un día muy importante para ella, porque el liderazgo estaba en juego.
Pero le había surgido una gran rival, Mariantonieta.
Mariantonieta era una total desconocida que había empezado el campeonato sin que nadie apostara por ella, pero que había llegado a la final.
Y ahora, le tocaba medirse con la actual campeona, Carla.
Emilio estaba enamorado de Carla.
La apoyaría hasta el final.
Entonces, Carla lanzó.
Tres dardos estaban muy cerca del centro.
Y uno fuera.
Hizo 27 puntos.
Era una buena marca.
Su amor estaba sudando.
Emilio quería abrazarla para darle valor, pero ella lo rechazó, estaba más interesada en lo que haría Mariantonieta, que parecía tranquila.
─ Si no pierde la concentración, puede ganarme ─dijo Carla entre dientes.
Emilio oyó esas palabras.
Haría lo que fuera mejor para que ganara su amor.
Y yo sabía cómo.
Se alejó de Carla y lentamente se acercó a Mariantonieta.
Mariantonieta observaba la diana como si fuera una tarta de nata, porque se relamía.
Hacía cálculos
Sí, era realmente bueno.
Entonces Emilio puso en marcha su plan de "desconcentración".
Primero, se quitó un zapato.
Luego, el otro.
No se quitó más, porque solo tenía dos pies.
De repente, alrededor de Mariantonieta empezó a expandirse un olor muy fuerte a pies.
La gente alrededor se alejó.
Era insoportable.
Algunos tosieron ​​y alguien incluso se desmayó.
El propietario del bar donde se realizaba el concurso llamó a los bomberos y a la unidad de prevención de la guerra biológica.
Sin embargo, Mariantonieta no pareció darse cuenta de esa peste.
Tampoco perdía la concentración ni por un segundo.
Lanzó el primer dardo.
Lanzó el segundo dardo.
Lanzó el tercer dardo.
Lanzó el cuarto dardo.
Los cuatro fueron directamente al centro.
Cuarenta puntos.
El máximo
No había más gente para aplaudir, el público que no había huido o desaparecido estaba a más de diez metros de Mariantonieta.
Solo Emilio estaba al lado, porque era inmune a su propio olor a pies.
Incluso se diría que le gustaba.
Por eso, no pudo evitar la curiosidad y, después de calzarse los zapatos, preguntó:
─ Oye, ¿cómo no te molesta el olor a podredumbre de pies? ¿No tienes olfato?
─ Nada de eso ─respondió ella─. Lo que pasa es que este olorcillo es muy suave comparado con otro olor que conozco.
─ ¿Con cuál? ─preguntó Emilio muerto de curiosidad.
Ahí Mariantonieta se quitó los zapatos y dijo:
─ Con este.
Todos los presentes en la sala huyeron escopetados conteniendo el aliento.
Ni siquiera cinco autobuses en la sala habrían producido esa peste.
Emilio, sin embargo, tuvo que ser hospitalizado por intoxicación, porque él era la persona que estaba más cerca de la fuente de olor.
Las unidades de prevención de ataques biológicos han puesto a toda la ciudad en cuarentena.
Todo la atmósfera de la ciudad estaba contaminada.
De Mariantonieta, ya nadie supo nada más.
Y es una pena, porque, aunque le oliesen así los pies, era realmente buena lanzando dardos.

© Frantz Ferentz, 2018

miércoles, 21 de noviembre de 2018

CUANDO JULIA LLEGA TARDE | PERCHÉ GIULIA FA SEMPRE TARDI

Resultado de imagen de be late
[IT]*


   C’era una volta Giulia, una ragazza come ce ne sono tante, ma che si differenziava da tutte perché faceva sempre tardi.
   Sempre, sempre, sempre…
   Questo suo costante fare tardi era quasi uno scandalo per i membri della sua famiglia, poiché loro erano tutti puntualissimi.
   Suo padre, per esempio, era così puntuale da essere paragonabile a un orologio svizzero, tanto che quando parlava usava spesso la parola “cucù”.
   Ma la tendenza di Giulia a fare tardi infastidiva anche tutte le altre persone che non appartenevano alla sua famiglia, ma che si trovavano a subire i suoi ritardi, soprattutto perché lei li giustificava sempre con delle scuse assurde.
    Ce n’erano a centinaia!
  Giulia poteva dire, per esempio: “Oggi sono in ritardo perché la via nella quale camminavo è crollata e il traffico si è interrotto”.
   Oppure: “Oggi sono in ritardo perché l’universo è impazzito e il giorno è diventato notte, quindi non si vedeva nulla...”.
   Oppure ancora: “Oggi un coccodrillo è sceso da un autobus e si è messo a ballare in mezzo alla strada, quindi c’era un intasamento enorme…”.
   A casa sua le dicevano che non poteva continuare così, che la puntualità era una caratteristica della loro famiglia, conosciuta in città come la famiglia più puntuale di tutte.
   “Se arrivi in ritardo,” le spiegava la nonna Bernardina, “fai credere a chi ti aspetta che non te ne importa niente”.
   “Non è vero, nonna, davvero io non faccio tardi perché voglio” si lamentava Giulia.
   E al liceo era ancora peggio.
   La professoressa Findelmondo non faceva altro che punire Giulia per i suoi continui ritardi.
   “Non sarai mai una persona adulta e seria se non arrivi in tempo!” le diceva spesso.
   “Ma non è colpa mia, prof” si scusava lei.
   Un giorno, per giustificare il suo ritardo, era arrivata a dire: “Oggi, per esempio, non sono arrivata a scuola in tempo perché è caduto il cielo sulla terra…”.
   E quel giorno, la professoressa Findelmondo le aveva risposto: “Se tu avessi tanta serietà quanta immaginazione, saresti la più brava studentessa del liceo”.
   Quelle parole avevano reso Giulia abbastanza triste.
   Nessuno credeva alle giustificazioni che lei usava per i suoi ritardi.
   Tutti pensavano che lei fosse una bugiarda, ma non era vero!
   E poi non arrivava in ritardo perché le faceva piacere!
   In ogni caso, quel giorno, la professoressa Findelmondo chiamò i genitori di Giulia.
   “Signore e signora Rossi,” disse “credo che anche voi, come me, siate molto preoccupati per vostra figlia che arriva sempre in ritardo, vero?”.
   La mamma di Giulia rispose semplicemente di sì, mentre il babbo fece “cucù” per dare la sua conferma.
   “Vi propongo allora di scoprire cosa le capita davvero” continuò la professoressa rivolgendosi ai genitori. “Ho un piano, ma per poterlo sviluppare avrò bisogno del vostro aiuto”.
   “Di che cosa si tratta?” chiese la mamma.
   “Metteremo una microcamera nel cappello di lana di Giulia per vedere quali sono i veri motivi per cui lei è sempre in ritardo. Cosa ne dite?” disse la professoressa, sorridendo.
   Il babbo fece “cucù”… significava che era d’accordo.
   E anche alla mamma sembrava un’ottima idea.
  Tornati a casa, i genitori di Giulia misero una microcamera nel suo cappellino di lana senza che lei se ne accorgesse.
   E così passarono tre giorni.
   In quei tre giorni, Giulia fece tardi in tre occasioni.
   “Perché hai fatto tardi, Giulia?” chiese la mamma il terzo giorno.
   Giulia spiegò: “La prima volta, un dinosauro mi ha chiesto l’ora, ma siccome era abbastanza sordo, non mi sentiva, quindi l’ho accompagnato fino alla piazza del Comune perché lui vedesse l’orologio grande.
   La seconda volta, la terra ha fatto un singhiozzo orribile e la strada si è sollevata di diversi metri.
   Quindi hanno bloccato la circolazione anche per i pedoni.
   Tutti quanti eravamo spaventatissimi.
   La terza volta, l’aereo blu è proprio venuto in ritardo, quindi non sono riuscita ad arrivare a scuola in tempo”.
   La mamma di Giulia era arrabbiatissima, sua figlia continuava a trovare tantissime scuse assurde per giustificare i suoi ritardi, addirittura si era inventata che era andata a scuola con un aereo blu.
   Un aereo!
   E ne aveva specificato perfino il colore: non rosso, né verde, né giallo, ma blu…
 La povera donna doveva riconoscere che la fantasia di sua figlia arrivava a toccare estremi incredibili. 
   E così, senza dire una parola, prese Giulia per un braccio e insieme a suo marito andarono tutte e tre dalla professoressa Findelmondo.
   Giunti nell’ufficio della professoressa,  la signora Rossi disse: “Adesso potremo vedere perché mia figlia fa veramente sempre tardi”.
  E consegnò la microcamera alla professoressa. La professoressa mise la memoria USB della microcamera nel PC e le immagini registrate cominciarono a scorrere.
   Come prima cosa videro un signore con un costume di T-Rex che andava a una festa di Carnevale e che chiedeva l’ora a Giulia.
 Ma con quel costume addosso, il signore non sentiva nulla quindi videro Giulia che lo accompagnava nella piazza del Comune perché il signore stesso vedesse l’ora.
  Poi videro che mentre Giulia camminava tranquillamente sul marciapiede ci fu un’esplosione sotterranea di gas.
   Tutta la pavimentazione era saltata in aria lasciando un bel buco.
   E la polizia, arrivata immediatamente, aveva bloccato la circolazione.
   L’ultima immagine era quella di Giulia giunta finalmente alla fermata dell’autobus.
  Il bus aveva impiegato molto tempo per arrivare e, una volta giunto, si poteva vedere che sulla fiancata c’era scritto: “Compagnia di autobus ‘L’aereo blu’”.
   Oltre alle immagini, si potevano sentire anche i lamenti dei passeggeri per il ritardo.
   La mamma e il papà di Giulia, come anche la professoressa rimasero a bocca aperta.
   Non sapevano cosa dire. Giulia non mentiva. Semplicemente spiegava le cose a modo suo.
   “Cosa volevi dire, allora, quando hai raccontato del giorno che all’improvviso si è fatto notte?” chiese la professoressa.
   “Che c’è stato un eclisse di sole”.
   “E quando hai parlato del crollo della strada?”.
   “Un terremoto, direi”.
   “Capisco” disse la professoressa.
   “E il coccodrillo?”.
   “Il coccodrillo era davvero un coccodrillo con la voglia di ballare”.
   Né la mamma né la professoressa sapevano cosa pensare, ma lasciarono correre.
   Da quel giorno in poi, nessuno si arrabbiò più con Giulia per i suoi ritardi, perché tutti sapevano che lei diceva sempre la verità, ma raccontandola a modo suo.
   In ogni caso, lei non si preoccupò più di non fare tardi, perché aveva capito che andare sempre di fretta è molto stressante.

* Ringrazio Giulia Sperini per le correzioni della versione italiana

[ES]
Resultado de imagen de be late
Érase una vez Julia.
Julia era una chica normal, excepto por una cosa.
Siempre llegaba tarde, siempre, siempre, siempre ...
Este hecho era casi un escándalo para su familia, ya que todos eran puntuales.
Su padre era tan puntual como un reloj suizo, por lo que siempre hacía "cucú".
Pero lo que más enojaba a la gente que conocía a Julia eran las excusas que ella daba cuando llegaba tarde, ¡había cientos de ellas!
Podía decir, por ejemplo: "Hoy llegué tarde porque, según caminaba, a la tierra le entró hipo y el tráfico se interrumpió".
O bien: "Hoy llegué tarde porque el universo se volvió loco y el día se hizo noche, así que no podía ver nada ..."
O todavía: "Hoy un cocodrilo se bajó de un autobús y se puso a bailar en medio de la calle, así que hubo un atasco gigante... "
En casa, le dijeron que no podía continuar así, que la puntualidad era una característica de la familia, porque todos, no solo el padre que hacía "cucú ", sino todos, eran conocidos en la ciudad por ser la familia más puntual.
─ Si llegas tarde ─explicaba la abuela Bernardina─, haces que aquellos que te esperan crean que no les importa.
No es verdad, abuela ─se quejó Julia─. Yo no llego tarde porque quiero.
Y en el instituto ...
Allí era aún peor.
La profesora Findelmundo no hacía más que castigar a Julia por sus constantes retrasos.
¡Nunca serás un adulto serio si no llegas a tiempo! ─le decía a menudo.
Pero si no es mi culpa, profesora ─se disculpaba─. Hoy, por ejemplo, no llegué a clase a tiempo porque el cielo se cayó sobre la tierra ...
Si tuvieras tanta seriedad como imaginación, serías la mejor estudiante del instituto ─acababa siempre diciendo la profesora Findelmundo.
La pobre Julia estaba bastante triste.
Nadie se creía las razones que ella daba.
Todos creían que estaba llena de fantasía, ¡pero no era cierto!
¡No llegaba tarde por gusto!
En cualquier caso, la profesora Findelmundo llamó a los padres de Julia.
Señor y señora García ─les dijo─, creo que todos estamos muy preocupados por su hija, que siempre llega tarde, ¿no es así?
La mamá simplemente dijo "sí" y el papá hizo "cucú".
De todos modos, les sugiero que descubran lo que realmente sucede con su hija ─explicó la profe a los padres─. Tengo un plan, pero para desarrollarlo necesitaré su ayuda.
¿De qué se trata? ─preguntó la mamá.
Coloquen una microcámara en el gorro de lana de Julia para ver cuáles son las verdaderas razones por las que siempre llega tarde ─dijo la profesora sonriendo─. Así, nunca podrá usar una excusa absurda. ¿Qué les parece?
El papá hizo "cucú", lo que significaba que estaba de acuerdo.
Incluso a la madre le parecía una gran idea.
Así, hicieron lo que la profesora les dijo: pusieron una microcámara en el gorro de lana de Julia sin que la chica lo notara.
Y así pasaron tres días.
En tres días, Julia llegó tarde en tres ocasiones.
¿Por qué te has llegado tarde, hija? ─preguntó su madre.
Julia explicó:
─ La primera vez, un dinosaurio me preguntó la hora, pero como estaba muy sordo, no me oía, así que lo acompañé a la plaza mayor para que pudiera ver el gran reloj.
»La segunda vez ─continuó la niña─, la tierra se tiró un pedo horrible y la calle se elevó unos metros. Así que cortan la circulación, incluso para los peatones. Todos estábamos muy asustados.
»Y la tercera vez, el avión azul llegó tarde, así que no pude llegar a clase a tiempo.
La mamá estaba muy enojada, y encima decía que había ido a clase en un avión azul, no rojo, verde o amarillo, sino azul ...
Tenía que reconocer que la fantasía de su hija llegaba a extremos increíbles.
Sin decir una palabra, tomó a su hija del brazo y ambas se fueron donde la maestra.
Aquí estamos ─anunció la señora García─. Ahora podremos ver por qué mi hija llega tarde.
La mamá entregó una memoria USB a la profe, que enseguida la metió en la computadora.
Enseguida empezaron a ver las imágenes grabadas con la cámara secreta.
Primero, vieron a un hombre vestido con un disfraz de T-Rex que iba al carnaval y que se dirigía a Julia.
Pero no oía nada con ese disfraz puesto, así que la muchacha, de hecho, lo acompañó a la plaza mayor para que viera la hora en persona.
Luego, mientras Julia caminaba tranquilamente por la acera, se produjo una explosión de gas subterráneo.
Todo el piso voló y quedó un bonito agujero.
Inmediatamente llegó la policía a poner orden.
Finalmente, pudieron ver a Julia en la parada del autobús.
Después de bastante rato, llegó el autobús, que tenía escrito en su lateral: compañía de autobuses 'El Avión Azul.
Las quejas de los pasajeros también se hicieron sentir por el retraso.
La madre y la maestra se quedaron boquiabiertas.
No sabían qué decir.
Julia no mentía.
Solo explicaba las cosas a su manera.
¿Qué quisiste decir cuando de repente se hizo en la noche? ─preguntó la profesora.
Que hubo un eclipse de sol.
¿Y el hipo?
Un terremoto, diría yo.
Entiendo ─dijo la profesora.
─ ¿Y el cocodrilo?
─ El cocodrilo era realmente un cocodrilo con ganas de bailar.
Ni la madre ni la maestra sabían qué pensar, pero lo dejaron correr.
A partir de ese día, ya nadie se enojó con Julia por sus retrasos, porque sabían que ella siempre decía la verdad, aunque la contaba a su manera.
En cualquier caso, no se preocupaba demasiado por llegar tarde, porque ir siempre rápido es muy estresante.
© Frantz Ferentz, 2018

domingo, 4 de noviembre de 2018

EL PEDO DE ORIGEN DESCONOCIDO

Resultado de imagen de big fart
  Todo ocurrió de repente.
  Sin aviso.
  Los estudiantes de la clase estaban concentrados en una tarea que la profe Celia acababa de encargarles.
  Por eso, cuando unos cuantos estudiantes se pusieron a hacer "snif-snif", además de oler aquel pedo inesperado, olieron la tragedia.
  – Alguien se ha tirado un pedo –sonó una voz al fondo de la clase.
  La profe Celia se horrorizó.
  Los estudiantes cesaron su tarea y empezaron a oler.
  – Tiene olor afrutado –dijo Basilio.
  – Con toques de nata –añadió Amelia.
  – Y matices de cebolla caramelizada... –concluyó Petra.
  Aunque no lo parezca, aquellos estudiantes tenían un olfato propio de somelieres.
  Pero quien estaba paralizada por el miedo era la profe Celia, porque aquellos estudiantes habían descrito, sin saberlo, su desayuno: hamburguesa con cebolla caramelizada, bollos de nata y algo de fruta.
  Claro que estaba aterrorizada.
  ¿Y si los estudiantes averiguaban que había sido ella quien se había tirado el pedo?
  Por eso, la profe Celia empezó a actuar:
  – ¿Quién ha roto la regla de que en la clases no se tiran pedos?
  Silencio.
  Nadie habló.
  – ¿Es que nadie va a reconocer que ha roto la regla 12/34b sobre producción de olores de origen intestinal?
  Más silencio.
  La profe comenzaba a respirar tranquila, a pesar del olor de su propio pedo, que aún flotaba en el ambiente.
  ¡¡Nadie podría descubrir que ella se había tirado aquel pedo!!
  Si lo supieran, perdería toda su autoridad, ¿cómo les diría "no os tiréis pedos", cuando ella era la primera que los tiraba?
  Por suerte, parecía que nadie en la clase sospechaba de ella.
  De hecho, se miraban entre ellos tratando de descubrir quién era el causante de aquel gas intestinal, cuyos efectos aun perduraban.
  Sin embargo, la profe Celia tenía que mantener el teatro para disimular, si no, no se entendería por qué justo entonces no actuaba como había actuado en otras ocasiones, cuando algún estudiante se había tirado un pedo.
  – Conque, ¿no sale el responsable del pedo? ––dijo con voz muy seria.
  Silencio.
  – Estáis todos castigados sin recreo una semana.
  Murmullos de desaprobación.
  Quién se había tirado aquel pedo tan extraño, se preguntaban todos.
  En ese instante sonó la campana que anunciaba el fin de las clases.
  Todos fueron saliendo cabisbaixos.
  Solo se quedó Calima, que se acercó a la profesora.
  – Profe –le dijo mientras Celia recogía sus cosas en una carpeta–. Yo sé que el pedo es cosa suya.
  – ¿Qué andas diciendo? –preguntó Celia muy nerviosa.
  – Que usted se ha tirado el pedo.
  Celia se quedó inmóvil y sin palabras. 
  Pese a todo, quiso aún mantener el tipo.
  – Esa es una acusación muy grave y serás castigada por eso.
  – Déjelo. Ese pedo es suyo. Yo tengo anotados los olores de los pedos de todos los estudiantes de esta clase y ese olor no es de ninguno de nosotros.
  Celia no podía creer lo que oía, pero Calima sacó una libreta y fue señalando cómo olían los gases intestinales de su respectivos compañeros de clase.
  – ¿Sabe qué? –prosiguió Calima–. Siempre me dijeron en casa que los profes son nuestro modelo, pero yo aquí no veo ejemplo alguno...
  Celia tragó saliva.
  – Pero de todo lo malo, pode salir algo bueno. Escuche mi propuesta...

***

  Cuando al día siguiente, los estudiantes entraron en clase, se encontraron un rincón nuevo. 
  De hecho, era un espacio cerrado con cortinas de ducha, sostenidas con una barra también de ducha, encima de la cual dicia: «Sala de génesis de gases».
  Contaba, además, con un viejo extractor de gases que aún funcionaba.
  – Pero, ¿qué es esto? –preguntó Petra.
  – Es la sala de los pedos –explicó Calima–. Se acabó la limitación de tirarse pedos en clase. Hay un lugar específico donde podemos ir a tirarnos pedos, ya no tenemos que aguantarnos las ganas.
  Aquella noticia fue recibida con un "hurra", y después con otro, cuando a los estudiantes les anunciaron que el castigo de una semana sin recreo se retiraba...
  Desde entonces, ya nadie tuvo que aguantarse las ganas de tirarse pedos en el aula, solo tenían que ir a la sala de génesis de gases, como la llamaban, y liberar su intestino a gusto.

© Frantz Ferentz, 2018