jueves, 10 de septiembre de 2020

EL PRINCIPITO Y EL ASTEROIDE DE CHATARRA

 



Dramatis Personae


Andrés, chico

Andrea, chica

Locomotodo, el pelícano (una figura muy grande que puede requerir de dos actores. Debe tener un pico con bolsa enorme).

El chatarrero

El principito


1. PLAYA MANABITA


Una playa del trópico, en la costa del Pacífico, en algún punto impreciso de Manabí. El suelo es arena, hay algunos matorrales. Al fondo está el mar.

Al principio, la escena está vacía. No hay ningún ser humano. De repente, se oye la voz de una chica que grita sin que aún se la vea.

ANDREA: Ayúdame, que no puedo sola.

Otra voz, esta de chico, responde sin que tampoco se vea a su propietario.

ANDRÉS: Voy, impaciente. Es que me había parecido ver una tortuguita corriendo hacia la playa, pero resultó ser una rana.

ANDREA (extrañada): ¿Una rana en la playa? Vos|Tú sueñas.

ANDRÉS: Pues quizá fuera un mejillón con patas...

ANDREA: Dale, que no puedo yo sola.

ANDRÉS: Voy, voy.

Entonces ya aparecen en escena. Desde un lateral, ambos jalan|tiran de una red bastante grande, toda llena de basuraleza. Se puede apreciar a simple vista que hay envases, bolsas, ropa...

Arrastran la red hasta el centro de la escena. La sueltan, se dejan caer en el suelo, quedando ambos sentados Suspiran. Resoplan. Pasan así unos segundos. De repente, Andrea se pone en pie.

ANDREA (decidida): Bueno, ya, vamos a seguir con esto.

ANDRÉS (lamentándose): Pero ¿qué dices? ¡Estoy reventado

ANDREA (enojada): ¿Vos|Tú? ¿Vos|Tú, reventado? Pero si no moviste| has movido un dedo.

Andrés se levanta de mala gana. Se pone, junto con Andrea, a abrir la red y a extraer basura, pieza a pieza. Se ve cómo sacan los restos de un triciclo, un balón roto, trapos, muchas bolsas de plástico, botellas también de plástico. 

Todo lo van depositando en bolsas de plástico negras que previamente han colocado alrededor, donde seleccionan la basura.

De repente, cuando Andrés mete la mano en la red, se oyen unos quejidos, varios "ay", hasta que finalmente surge una orden:

LOCOMOTODO: ¡No me jales|tires de las plumas!

Andrés se detiene. Andrea se acerca. Ambos chicos se quedan mirando. Entonces se ve cómo la red se mueve y va saliendo una figura, que se pone de pie quitándose la basura de encima sacudiéndose y haciendo algo así como “brrr”. Se trata de un pelícano.

Andrés y Andrea ayudan al recién aparecido a salir de la red. El ave se coloca entre ambos chicos.

LOCOMOTODO: Gracias, chicos. ¿Dónde estoy?

ANDREA: En Manabí

LOCOMOTODO: Uy, qué bien lo calculé.

ANDRÉS: ¿Y qué haces vos|tú aquí, atrapado en esa red?

LOCOMOTODO: Bueno, es una larga historia, pero, por abreviar, les|os diré que caí en ella persiguiendo una especie de cámara de fotos que se me escapó del pico al bostezar. Me zambullí al mar y luego no sé cómo me vi envuelto en una isla de basura. Finalmente, ustedes me salvaron|vosotros me habéis salvado.

ANDREA: Pero ¿recuperaste la cámara?

LOCOMOTODO (batiendo las alas, abriendo el pico y dejando caer una especie de cámara de fotos que queda en el suelo): Ahí está. No se mojó casi, por suerte, porque enseguida la protegí dentro de la bolsa de mi pico.

Andrés toma la cámara. Se sienta en el suelo y empieza a mirar las fotos por el visor. Andrea se sienta a su lado. El pelícano se les une.

ANDREA: ¿Y estas fotos de qué son?

LOCOMOTODO: Son del Principito en el asteroide de chatarra. Fue ahí donde lo conocí.

ANDREA: ¿De veras? ¿Y qué hacía allí el Principito? ¿Y vos|tú?

LOCOMOTODO: Bueno, yo soy un pelícano muy curioso. Un día, sin darme cuenta, me eché a volar y acabé emprendiendo un viaje interestelar. Desde entonces, me gusta viajar por ahí. Resulta que me acerqué a aquel asteroide y casi al mismo tiempo estaba llegando el Principito... Él, por su parte, hacía lo que siempre hace, viajar y preguntar. Ahí fue donde lo conocí...

Oscuro


2. ASTEROIDE DE CHATARRA

Sobre el asteroide. Todo el suelo está lleno de chatarra. Hay restos de aparatos eléctricos por todas partes. De hecho, la chatarra metálica que han ido dejando los humanos durante siglos en la órbita terrestre acabó reuniéndose y formando un asteroide artificial que gira alrededor del planeta.

El chatarrero, con una lente de aumento delante del rostro y un mandil sucio, está sentado detrás de una mesa toda llena de chatarra. Va tomando piezas metálicas de la mesa y las examina por la lente de aumento con mucha atención. Al cabo de un rato, coloca una etiqueta adhesiva en cada pieza y luego la lanza por ahí.

Entra el pelícano por un lateral. 

LOCOMOTODO (al chatarrero): Buenas.

El chatarrero levanta la vista y se interrumpe. 

CHATARRERO: Buenas. No me pises por ahí, que me lo descolocas todo.

LOCOMOTODO: Pero si está todo caótico.

CHATARRERO: Puede ser, pero yo sé dónde tengo todo dentro del caos.

LOCOMOTODO: Ah...

En ese momento entra en escena el Principito. Sonríe. Lleva su fular muy largo que va colgando por detrás.

PRINCIPITO (al chatarrero): Hola. (Luego al pelícano) Hola.

PELICANO: Hola.

CHATARRERO (en tono gruñón al Principito): Eh, vos|tú. Ojito con dónde pisas, que me descolocas la chatarra.

PRINCIPITO: Perdón. Pero para qué quieres todos estos cachivaches que no sirven para nada?

CHATARRERO: ¿Que para qué los quiero? Acaso no ves que soy chatarrero.

El chatarrero se pone en pie. Parece estar a disgusto, porque resopla y murmura entre dientes, mirando al Principito y al pelícano con desconfianza, con los brazos en jarras.

Mientras, el Principito se agacha y recoge algo del suelo. Se lo muestra al chatarrero.

PRINCIPITO: ¿Y esto qué es?

El chatarrero se lleva las manos a la cabeza.

CHATARRERO: Eso es una cámara bifocal RX-640. Es pura tecnología alemana que equipa a los satélites PTV210 BIS. Puede fotografiar lo que carga una hormiga a 700 km de altura.

PRINCIPITO: Pero ¿hace buenas fotos?

El chatarrero se pone a saltar fuera de sí, con los puños al aire, como si fuera una danza. Estará un rato así hasta que decide regresar a su mesa. De un cajón saca una botella de leche y toma un trago.

Mientras, el Principito se acerca al pelícano. 

PRINCIPITO: Oye, ¿qué tal se te da hacer fotos?

LOCOMOTODO: Nunca he hecho ninguna foto. No tengo dedos, pero tengo una memoria fotográfica.

PRINCIPITO (algo contrariado): Bueno, ¿te importaría si dejo esta especie de cámara aquí encima (señala a un montón de chatarra) y tú vas tocando con tu pico en este botón para que se vayan haciendo fotos?

LOCOMOTODO: Entendido.

El Principito deja la cámara donde dice, apuntando al chatarrero. El pelícano se coloca en posición, queda de espaldas en la escena, mirando al Principito y al chatarrero, que prosigue con su rutina encima de la mesa.

PRINCIPITO (al chatarrero): ¿Y para qué le sirve toda esta chatarra?

CHATARRERO (interrumpiéndose en su labor de clasificación por etiquetas): ¿Servir? No sé. Yo solo recojo, clasifico y almaceno chatarra espacial. ¿Acaso me quieres comprar algo? Te hago una buen precio. Tengo paneles solares, algunos completos. (Entre susurros, pero se oye) También tengo un par de cañones láser con algo de carga y hasta medio misil.

Mientras, el pelícano va haciendo fotos.

PRINCIPITO: No, gracias, no me interesa la chatarra.

CHATARRERO: Es un gran negocio. Muchas de estas piezas pueden ser reutilizadas o sirven para extraer recambios. Además, no me cuesta nada recoger la chatarra. De hecho, este asteroide es ya tan grande que atrae a la chatarra que flota en las cercanías. No tengo ni que molestarme en recogerla, como antes.

En ese momento, el chatarrero se agacha y recoge algo del suelo que muestra al Principito. Se trata de un cazamariposas.

PRINCIPITO: No sé para qué quieres un cazamariposas. Aquí no hay. No pueden vivir entre la chatarra. Ni tampoco una rosa o un zorro.

CHATARRERO: Que no, chico. El cazamariposas lo usaba para capturar trozos de chatarra en órbita. Ahora, como te digo, no me hace falta. La chatarra cae aquí sola. Este asteroide de chatarra no para de crecer.

PRINCIPITO: Pero no tienes una rosa... ni siquiera un baobab.

CHATARRERO: Ni falta que me hace. Ya verás qué chévere|guay cuando empiecen a llegar alienígenas a comprarme piezas de recambio... o incluso astronautas de la Tierra.

El Principito se rascaba la cabeza. El chatarrero se pone de pie.

CHATARRERO: Si buscas bien, de ley|seguro que encuentras las piezas necesarias para construirte una nave, porque se ve que te gusta viajar por el espacio.

PRINCIPITO: Cierto que me gusta viajar, pero nunca utilizaría una nave de esas, creo que contaminaría mucho.

CHATARRERO: ¿Y cómo esperas salir del asteroide?

El Principito se gira y señala con el dedo al pelícano.

CHATARRERO: Con eso no creo que llegues muy lejos. De todos modos, déjame darte una tarjeta mía (se la saca de un bolsillo interior y se la da al Principito). Toma, por si alguna vez necesitas chatarra mientras viajas por el espacio. O puedes ser representante mío. Te daría una pequeña comisión por lo que vendas, podríamos empezar con un 0,003%.

El Principito se guarda la tarjeta en un bolsillo del pantalón. El chatarrero sigue en pie, observándolo, aunque acaba volviendo a su asiento y continúa clasificando y etiquetando piezas de chatarra.

PRINCIPITO (a Locomotodo): ¿Cómo te llamas?

LOCOMOTODO: Locomotodo.

PRINCIPITO: Qué nombre tan chistoso|gracioso.

LOCOMOTODO: Me llamaron así porque de pequeño era un glotón. Comía de prácticamente todo. Una vez hasta me comí un arco iris.

PRINCIPITO: ¡Yo también quiero comerme un arco iris!

LOCOMOTODO: Es difícil, hay que tener mucho estómago y vos|tú pareces chiquito|chiquitín.

PRINCIPITO: Pero me gustaría...

LOCOMOTODO (interrumpiendo): ¿Tienes gominolas?

PRINCIPITO (sorprendido): No... (Al chatarrero): ¿Hay gominolas por aquí?

CHATARRERO (alzando la vista): No, solo hay tuercas. No sé a qué saben. Quizá estén buenas.

LOCOMOTODO: Es que me gusta tomar gominolas antes de emprender cualquier vuelo largo.

PRINCIPITO: ¿Ya regresas a la Tierra?

LOCOMOTODO: Sí, ya me toca.

PRINCIPITO: ¿Conseguiste sacar fotos?

LOCOMOTODO: Compruébalo tú|vos mismo.

El Principito se pone a observar por el visor de la cámara.

PRINCIPITO: ¡Buenazo|Estupendo! Me gustan las fotos. Quisiera mandar unas cuantas a mi rosa, pero será en otra ocasión. Estas las reservo para un amigo en la Tierra. ¿Podrías llevárselas a mi amigo?

LOCOMOTODO: Claro...

En ese momento, el chatarrero se pone de pie y se acerca a los otros dos. Está malhumorado.

CHATARRERO: ¡Alto ahí! ¿Qué se creen que están haciendo|os creéis que estáis haciendo? Esa cámara es mía. Si la quieren, me la pagan|la queréis, me la pagáis.

El Principito saca del bolsillo la tarjeta que un rato antes le había dado el chatarrero. Se la muestra.

PRINCIPITO: Si quieres que sea tu representante, me llevo esa cámara como pago de las comisiones.

El principito vuelve a guardarse la tarjeta. El chatarrero se queda un momento pensativo. Gruñe.

CHATARRERO: Está bien, pero hazme buena publicidad.

El chatarrero se da media vuelta y vuelve a lo suyo. El Principito toma la cámara y la pone delante del pico del pelícano. El ave abre el pico y el Principito deja caer la cámara dentro.

LOCOMOTODO: ¿A quién y dónde he de entregar esta cámara?

El Principito se acerca a la cabeza del pelícano y le susurra un nombre.

LOCOMOTODO: Entendido ¿Y vos|tú cómo saldrás de este asteroide?

PRINCIPITO: Como lo hago de todos los demás asteroides. Gracias por llevar mis fotos. Buen viaje.

LOCOMOTODO: Igualmente.

El Principito atraviesa la escena y sale. El chatarrero continúa con lo suyo sentado en su mesa. El pelícano se da la vuelta y sale por el extremo contrario.

Oscuro


3. PLAYA MANABITA



De nuevo en la playa. Los dos chicos están sentados sobre la arena a ambos lados del pelícano.

ANDREA: Qué interesante la historia.

ANDRÉS: Sí, mucho.

ANDREA: ¿Y para dónde se fue el Principito después del viaje al asteroide de chatarra?

LOCOMOTODO: Ni idea, pero sé que volveremos a vernos.

ANDRÉS: A mí me encantaría conocerlo.

LOCOMOTODO: De ley|Seguro que sí, pero el Principito aparece cuando uno no se lo espera. Viene sin avisar.

ANDREA: Ya me parecía. Yo también quisiera conocerlo.

ANDRÉS: ¿Y a quién has de entregar la cámara? ¿Es de aquí de Manabí?

LOCOMOTODO: Sí. Quizá ustedes lo conozcan|vosotros lo conozcáis.

ANDRÉS: ¿Cómo se llama?

LOCOMOTODO: Kintilla.

Los dos chicos se ponen de pie de repente.

ANDREA Y ANDRÉS (al alimón, muy sorprendidos): ¡Kintilla!

LOCOMOTODO: Sí... ¿ocurre algo?

Los chicos se miran. Parecen asustados.

ANDRÉS (con voz temblorosa): Es que Kintilla es un personaje mitológico. Es Killa, la luna, pero es también Inti, el sol.

ANDREA: Dicen que vive precisamente por detrás de donde se esconde el sol y viaja a lomos de la luna.

LOCOMOTODO: Pues yo tengo un compromiso con el Principito. Volaré hasta más allá del horizonte y encontraré a Kintilla.

ANDRÉS: ¿Podemos acompañarte?

PELICANO: Si los|os puedo cargar a ambos en mi pico, no hay lío|problema.

ANDREA: ¡Pero no nos comas!

LOCOMOTODO: Bueno, si se me olvida, grítenme|gritadme para que no los|os trague.

Los chicos se meten dentro del pico de Locomotodo.

ANDREA (desde dentro de la bolsa del pico del pelícano): ¡A volar!

ANDRÉS: Pero despacio, que me mareo.

LOCOMOTODO: ¡Agárrense|Agarraos! Pero no de ahí, que tengo cosquillas... Ja, ja,ja, ja...

Se hace oscuro. Se oye un batir de alas.


Telón


© Texto: Frantz Ferentz, 2020
© Ilustración: Susana San Millán

martes, 25 de agosto de 2020

EL OLOR A PAÍS

 Wicca Magia: Teiniaguá – Princesa Moura



Dramatis Personae

Samir, el padre
Leila, la hija
Agente de aduanas


ACTO 1


En escena aparecen Leila y su padre Samir en su hogar. Están en el salón, decorado con estilo árabe. En el centro de la escena hay una mesa baja, con una tetera. Hay un viejo sofá y una alfombra en el suelo. Padre e hija toman un té en taza, ambos sentados en el sofá, de frente al público.

SAMIR (dejando la taza de té en la mesa): Hija, tengo que decirte algo.

Leila deja la taza en la mesa también. Se queda mirando a su padre.

SAMIR: Tengo que viajar a Marruecos. Tengo que firmar la venta de la casa familiar.

Hay unos segundos de silencio. Luego, Leila se acerca a su padre y lo abraza. Se mantienen abrazados unos segundos. Luego, la niña se separa y comenta con el padre.

LEILA: Tengo algunos ahorros. Te los doy para el viaje.

El padre sonríe tristemente. Le acaricia el cabello.

SAMIR: Te lo agradezco, ya Leila, pero tengo yo también algo ahorrado. 

El padre toma de nuevo la taza y da un sorbo al té.

SAMIR: ¿Quieres que te traiga algo de Marruecos?

Leila se queda pensativa unos instantes. Luego, piensa en voz alta.

LEILA: Hay tantas cosas que añoro de cuando era pequeña... Recuerdo sobre todo olores (se pone en pie y pasea por la estancia, ensimismada). Me acuerdo del olor del argán cuando lo vendían en la calle para los turistas. Me acuerdo del pescado fresco que llevaban a la lonja. Me acuerdo de los productos de cuero que venden en el zoco para los turistas. Me acuerdo del olor del azahar... No sé, son cientos de olores.

Samir se queda mirando. Le hace un gesto para que vuelva a sentarse. Ella lo hace.

SAMIR: Entonces, ¿qué quieres que te traiga?

Leila vuelve a quedarse pensativa un instante. Luego dice a su padre.

LEILA: ¿Sabes lo que realmente quiero?

SAMIR: No...

LEILA: Quiero que me traigas el olor a Marruecos

Oscuro


ACTO 2

Control de equipajes en la aduana del aeropuerto. Un agente de la ley pide a Samir que se acerque a él según va caminando con la maleta hacia la salida.

AGENTE (a Samir): Buenos días, ¿de dónde viene?

SAMIR: De Marruecos.

AGENTE: Muy bien, póngame la maleta aquí encima y ábramela, por favor.

Samir hace lo que le piden. El agente se pone guantes de goma. Luego, empieza a revolver todo. Extrae un frasco con un contenido marrón. El agente lo destapa y huele. Pone cara de asco.

AGENTE: ¿Qué es esto?

SAMIR: Aceite de argán.

AGENTE: ¿Argán? ¿Qué animal es ese?

SAMIR: Es una planta. Tiene propiedades curativas.

El agente mira el frasco al trasluz.

AGENTE: En cualquier caso, no puede pasar esto porque no viene en su embalaje original (hojea unas hojas que tenía al lado). No encuentro yo este aceite de sagán en la lista de productos... Así que no lo puede pasar.

Lanza el frasco a una papelera que hay al lado. Luego sigue rebuscando en la maleta. Hasta que encuentra una caja de cartón. La saca de la maleta y la abre.

AGENTE: ¿Y esto? (toquetea)

SAMIR: Son dátiles.

AGENTE: Qué pegajoso...

SAMIR: Son muy dulces.

AGENTE: Tampoco viene en el embalaje adecuado.

El agente toma la caja, la cierra y la lanza también a la papelera. Luego vuelve rebuscar en la maleta. Extrae un frasquito con un tapón. Tiene un líquido dentro.

AGENTE: ¿Y esto? (se lo muestra)

Samir duda.

SAMIR: Este... 

AGENTE (en tono desagradable): Que qué es esto.

SAMIR: Una muestra de orina. Es de mi abuela. La traigo para que la analicen en el laboratorio.

El agente suelta un gritito de asco y deja caer el frasco en la maleta.

AGENTE (aún en tono desagradable): Cierre la maleta y váyase.

Samir hace lo que le dicen. Luego pone la maleta en el suelo y se va. Solo queda en escena el agente.

AGENTE: ¡Siguiente!

Oscuro


ACTO 3

Nuevamente en la casa de Samir y Leila. Escena vacía.

Se oyen unas llaves que abren la puerta. Al instante entra Samir con una maleta con ruedas. Llega hasta la mesa central. Deja la maleta al lado del sofá. Se sienta, resopla, descansa abriendo los brazos. Luego se incorpora. Mira hacia un lateral y llama con voz potente.

SAMIR: ¡Leila! ¿Estás en casa?

Se oye la voz de Leila a lo lejos.

LEILA: Sí, papá, ya regresé de casa de la tía Karima.

Se oyen unos pasos. Leila entra en el salón por el lado opuesto que entró Samir. El padre se pone en pie. Padre e hija se abrazan.

LEILA: Qué bueno que volviste.

SAMIR: Sí, ya me moría de ganas de ver a mi pequeña.

Se dejan de abrazar y se sientan en el sofá.

LEILA: ¿Qué tal el viaje?

SAMIR: El viaje, bien. Visité a la familia y recorrí todo Tánger. ¡Cómo me hubiera gustado que vinieras conmigo.

LEILA: Y a mí, papá, y a mí.

SAMIR: Otra vez será, no?

LEILA: Pues sí (breve pausa). ¿Y me trajiste algo de Marruecos? (en tono mimoso)

Samir se pasa la mano por la mejilla y resopla.

SAMIR: Cariño, en la aduana me quitaron casi todo. Te había comprado aceite de argán y dátiles, que sé cómo te gustan los de nuestra tierra. Pero no me los dejaron introducir en el país porque no estaban embalados como ellos quieren.

LEILA: No te preocupes, papá. Lo importante es que visitaste Tánger y regresaste sano y salvo.

SAMIR; Bueno, te he dicho que me quitaron casi todo, pero no todo.

Samir se levanta, pone la maleta en la mesa y la abre. Rebusca un poco hasta que saca el frasco que contenía, según dijo al guardia del aeropuerto, una muestra de orina. Entrega el frasco a su hija.

SAMIR: Toma.

Leila recoge el frasco. Lo mira.

LEILA: ¿Qué es? ¿Perfume?

SAMIR: Al guardia de la aduana le dije que era una muestra de orina.

Leila hace un gesto de asco y deja el frasco en la mesa. Samir se ríe. Luego recoge el frasco.

SAMIR: Lo cierto es que no es ninguna muestra de orina. Es agua del Atlántico tomada en la playa de Tánger.

Samir vuelve a entregar el frasco a su hija.

SAMIR: ¿Qué me pediste que te trajese de Tánger?

LEILA: El olor de Marruecos.

SAMIR: Pues he cumplido mi palabra.

LEILA (sorprendida): ¿Cómo?

Samir tiende la mano a Leila. La chica se levanta. Samir abre el frasco. Levanta la manga de la camisa de Leila y luego vierte un poco de agua sobre su piel.

SAMIR: ¿A qué huele?

Leila acerca la nariz a su brazo y huele.

LEILA: Huele... a mi mar. Y el mar sobre mi piel, huele... a Marruecos.

Leila abraza a su padre.

LEILA (emocionada): Šukran, ya baba, šukran (=gracias, papá, gracias)

Siguen abrazados.

Telón

© Frantz Ferentz, 2020